Opinión

Doble o nada

DE LA VOZ A LA TINTA /APOCALIPSIS MARINA

Por: José Luis Ramírez

Una paradoja sería que nada está lejos, que nada está distante, salvo la idea que selló nuestras expectativas por años con relación al desecho de basura.  Hoy el futuro nos muerde los talones. Cada afirmación sobre los inacabables recursos naturales, dado el tamaño del planeta, hoy se cae como hojas de otoño, o como plástico, al ya no “inmenso y bello mar”.

La vida marina está en riesgo, y la nuestra también. Los residuos plásticos se han convertido en un engañoso alimento y trampa letal de aves y fauna marina. Y lo inimaginable, las micro partículas plásticas también se han convertido en un mortífero “alimento” del plancton, base primaria de la cadena alimenticia marina. En esta nueva cadena de destrucción, son consumidos también por larvas de crustáceos, de ostras y al final por los humanos.

No es imposible que en unos cuantos años, nuestros mares se conviertan en cementerios acuáticos. Los datos del 2015 señalaban que, “más de un millón de aves y mas 100 mil mamíferos marinos mueren cada año por residuos plásticos vertidos a su hábitat”. Las postales marinas serán cada vez mas deslucidas porque las aves están siendo encontradas con el plástico mutilando su cuerpo o atrofiando su movimiento, por ahora solo es el 44%. Igualmente, se sabe que el 90% de las aves marinas del mundo han ingerido y acumulan residuos plásticos en su aparato digestivo.

2050 un hueco en el mar. Se considera que la presencia de residuos de bolsas, envases, telas sintéticas, objetos plásticos se extenderá hasta alcanzar al 99% de las especies de aves marinas en el 2050, provocando daños importantes en su salud y reproducción. En un mar enfermo la vida marina será una postal para el infierno.

Lo que llevamos al mar, el mar nos lo regresa. Nuestra civilización, ahora es solo una máscara de vinilo. Hemos creído erróneamente que hay un lugar extraterrenal a donde la basura se va, y claro, reposará o sufrirá con su alma plástica. Pero no hay lugar distante, ni etéreo. Nuestros mares son el contenedor temporal, pero el mar nos regresa nuestra desmesura.

El daño ambiental no tiene fronteras. En el 2015, se consideraba que el 22% de los cetáceos ya habían sido afectados por los restos de plástico, sus cuerpos están heridos, mutilados o deformados. Las ballenas están muriendo por obstrucción intestinal, las tortugas marinas son atrapadas por los empaques, y las bolsas las ingieren al confundirlas con alimento, finalmente mueren ahogadas, o por la obstrucción de sus intestinos.

De esta marea plástica que llevamos al mar, no señalo, la parte química: solventes, pinturas, metales pesados que se desprenden, y que son igual o peor de letales que la acción mecánica o física de la basura, e ironías de la vida, estos metales tóxicos se nos regresan cuando servimos productos marinos en nuestra mesa.

Daños genéticos a los seres humanos y animales. Los disruptores hormonales son cualquier compuesto químico contaminante del medio ambiente, que una vez incorporado a un organismo afecta el equilibrio hormonal en el humano y en diversas especies. Pudieran clasificarse en derivados de productos farmacéuticos, productos naturales, fungicidas, pesticidas organoclorados; derivados del antraceno, miméticos androgénicos, metales; y finalmente derivados de la industria del plástico.

En los últimos 69 años se han documentado alteraciones importantes en numerosas especies localizadas en diferentes áreas del planeta; entre otras, pérdida de la capacidad reproductora e instinto maternal, mortandad masiva de algunas especies, comportamiento sexual anormal o deformaciones de los órganos reproductores.

En los humanos la exposición a los disruptores endocrinos se produce por múltiples vías. Puede ser oral (con alimentos, agua u otros líquidos), por la piel (por cosméticos u otros productos de cuidado personal) y en los niños también por contacto con juguetes de diversos materiales o por inhalación. Las micropartículas del plástico han llegado hasta la cocina, ya están presentes en sustancias de uso doméstico como la sal. No es difícil suponer que La especie humana tenderá a su extinción, impedido para su reproducción natural, repito por comportamiento sexual anormal o deformaciones de los órganos reproductores.

 Hecho en México.

Hemos sembrado un falso optimismo. Ya no hay tiempo para la biodegradabilidad. Si consideramos que las bolsas de plástico comunes, mínimo tardan entre 100 y 400 años para degradarse, y las “biodegradables” se fragmentan rápidamente, pero sus partículas siguen siendo microplástico que “alimentan” los primeros eslabones de la cadena alimenticia, entonces el colapso marino, y el nuestro está a la vuelta de la esquina.

Según estimaciones de la Comisión de Medio Ambiente de Recursos Naturales y Pesca del Senado (LXI Legislatura), los mexicanos utilizamos más de 20 millones de bolsas al día. Desde luego una buena parte de esa basura terminará en las calles, tapará tuberías, cañerías, drenaje público y como mal menor generará encharcamientos e inundaciones. Después, seguirá su camino silencioso y letal hacia los ríos y mares.

Las trampas del desarrollo en este tema no son peores que otras. Mientras unos ven con optimismo el crecimiento de la producción de bolsas plásticas, que en el año 2008 se ubicaba en 620 mil toneladas, otros señalan con gran preocupación el daño ambiental y su crecimiento escalado cada año. Es muy fácil minimizar el efecto dañino, hace siete años se mencionaba que únicamente eran 107 mil 513 toneladas de residuos de bolsas plásticas. Pero, sin gestión y sin conciencia de su disposición final, una sola tonelada ahora, es un balazo a quemarropa.

De cierto, tomar medidas con un carácter electoral, es otro error. Se debe planear la reducción escalada de la producción, el consumo, y la disposición; se debe razonar las opciones “ecológicas” que no generen otro colapso ambiental. Y desde luego tener muy claro, que no hay opciones, reducir a cero, es un asunto de vida o muerte.

Revolcadero.

El gobierno del Estado de Guanajuato para este año 2020 gastará: $87 mil 300 millones 843 mil pesos, un 5% mas con respecto al año anterior. El gobierno federal le aportará el 45%, en números netos serán: 31 mil 522 millones 208 mil pesos para el gobierno estatal, y 8  mil 910 millones 460 mil pesos para los municipios. En total, 40 mil 432 millones 668 mil pesos. El aumento a los impuestos es responsabilidad del gobierno estatal y municipal, de un año a otro ya no les alcanza para la vida de reyes que se dan.

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